A veces, el marketing más efectivo no nace en una agencia ni en una campaña planificada. Nace en una charla relajada, sin intención comercial y con total autenticidad. Eso fue lo que ocurrió cuando Lionel Messi, en una entrevista distendida en Luzu TV, comentó que su “permitido” para relajarse es vino con Sprite, porque “pega rápido”.
Lejos de quedar como una anécdota más, la frase se transformó en tendencia, conversación social y caso de estudio para marcas, comunicadores y estrategas digitales.
El recorte de la entrevista comenzó a circular rápidamente en X, Instagram y TikTok. Memes, videos editados, posteos humorísticos y recreaciones hicieron que la frase se resignificara y se volviera parte del lenguaje cotidiano en redes.
La viralización no se explicó sólo por quién lo dijo, sino por cómo y dónde se dijo. Messi apareció en un contexto cercano, relajado y genuino, muy distinto al de una conferencia o una acción publicitaria. Esa combinación potenció la identificación del público y aceleró la circulación del contenido.
En términos de marketing digital, el fenómeno respondió a tres factores clave:
Sprite fue la marca más asociada al fenómeno. La mención directa de Messi generó una enorme exposición orgánica y positiva, convirtiéndose en un claro ejemplo de earned media.
Este tipo de impacto es especialmente valioso porque no surge de la pauta, sino de la conversación social. La marca quedó vinculada a un momento cultural relevante sin forzar el mensaje ni interrumpir la experiencia del usuario.
La repercusión no quedó limitada a Sprite. Bares, restaurantes, vinotecas y cuentas gastronómicas incorporaron la referencia en pizarras, menús y posteos en redes sociales. Al mismo tiempo, creadores de contenido amplificaron el fenómeno desde el humor y la cultura pop.
Este comportamiento refleja una lógica cada vez más común en el ecosistema digital: los trends ya no se activan de forma vertical, sino que se expanden de manera horizontal, con múltiples actores resignificando el mensaje según su audiencia.
Messi no recomendó un producto ni actuó como embajador de marca. Sin embargo, su peso simbólico fue suficiente para generar recordación, conversación y asociación positiva.
Más que influencer marketing, este caso habla de impacto cultural. Las marcas involucradas no se benefician porque Messi vende, sino porque representa valores como cercanía, sencillez y autenticidad, altamente valorados por las audiencias actuales.
El fenómeno “vino con Sprite” deja varias conclusiones clave para marcas y equipos de comunicación:
Lo que comenzó como una frase casual terminó consolidándose como un ejemplo claro de cómo se construye valor de marca en la era de las redes sociales. Sin briefing, sin campaña y sin planificación previa, una mención genuina alcanzó para instalar conversación y reforzar posicionamientos.
Hoy, más que nunca, las marcas no solo compiten por atención, sino por formar parte de la conversación correcta, en el momento justo y con el tono adecuado.
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